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La Coctelera

Beijing 2.0, iniciando el sistema

"Hola, me llamo jet-lag y voy a ser tu amigo durante unos días..."

Después de dos películas, dos libros, una pastilla mágica para dormir (los milagros de la química son inescrutables) y un simpático pero pesado compañero de asiento en el avión, aterrizé de nuevo. Ni hao everybody. No hubo la emoción de anteriores ocasiones, es cierto, pero reconozco que el entrañable taxista pekinés que intentó timarme sólo tocar tierra me enterneció un poquito el espíritu.

Esto ya es Beijing versión 2.0, con su cielo gris habitual y sus pekineses por la calle. Nuevo, nuevo, no sería. He tenido la suerte, o no, de llegar después del año nuevo chino, lo que me ha permitido omitir parte del festival pirotécnico. Les cuento: los hijos de Mao celebran el cambio de año coincidiendo con la luna nueva. Son las vacaciones más largas e importantes del año e incluso se permiten lujos asiáticos como dejar de trabajar un par de días. Para matar el tiempo y demostrar su alegría, convierten la calle en una especie de revival de la Segunda Guerra Mundial, pirotecnia mediante. Con la excusa de que inventaron la pólvora y de que el resto del año lo tienen prohibido, compran carretas enteras de fuegos artificales, que lanzan a cualquier hora del día en cualquier esquina. Algunos de estos dispositivos vienen con serias taras y defectos, por lo que el riesgo de perder uno o más miembros está cercano. Adrenalina pura, ya saben.

Mientras tanto, en alguna parte de la ciudad, alguien, cansado y con el metabolismo bailando la lambada, intentaba dormir. No pudo ser en un primer momento, así que optó por saciar la segunda mayor necesidad fisiológica y bajó a retomar su relación con la comida china. Sin embargo, presa del desánimo y la ira traicionó los previsibles fideos por una hamburguesa que rondaba el medio kilo de ternera, en un claro homenaje al recién estrenado año del buey. Con el estómago lleno y dos Tsingtaos la vida se ve más clara y se descartan los genocidios masivos por pereza. Si es que no hay nada como el sofá de ... ¿casa?

Mariposillas

86 días. Varios aviones. Bastantes despedidas, distintos reencuentros y más redespedidas. Demasiado alcohol. Algunos kilos de más. Varias noches en vela. Pellizquito de nostalgia. Mucha ilusión. Algunos caprichos. Todas las risas. Dos ciudades en oferta. Mil dudas.

Y, al final, una decisión, un contrato, un visado que no llegaba y un billete de avión. Hoy, 29 de enero, las mariposas que empezaron a sudar tinta china hace poco más de un año repiten la migración.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero Jungla de Cristal II es un peliculón y El Padrino II le da sopas con honda a su primogénita. Eso por no hablar de la evidente mejora entre la nerviosa primera vez y la repetició de una noche loca con una exnovia. ¿Lo ven? Si es que todo son ventajas.

En fin, que Beijing 2009 al acecho. Lo podrán seguir sólo en las mejores pantallas (de ordenador). A todo eso, tendré que cambiar el subtítulo del chiringuito, aún a mi pesar. Cosas de las canas. Nos leemos.

Agenda

No debe ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de amigos conservados

Hay veces que Pekín parece un erial. Es complicado de entender, así que un ejemplo puede explicarlo: basta con tener un móvil cerca. Bueno, rectifico: basta con tener un móvil cerca, llegar a una ciudad en plena fiebre preolímpica y decidir quedarte no sólo a la resaca post-olímpica, sino también cuando toca fregar los platos tras la fiesta.
Empecemos. Se enciende el aparato. Se teclea "Agenda", apretando posteriormente "Select". Con la A aparece Alberto, que vino unos días a retratar los Juegos Olímpicos y regresó a España. También Amaury, un francés que se tuvo que ir antes de hora porque los amables funcionarios del Buró de Seguridad Pública chino no le renovaban el visado. Borja lidera la B, con un improvisado partido de futbol y la invitación para ir a la competición olímpica de voley-playa como grandes recuerdos de su fugaz Pekín. En la C, Carmen, de Pekin a Santiago pasando por Mallorca; con la D, Diana, que a saber dónde está. E, F, G, H, I, e ir sumando. Los hay en la J, en la K, en la L, M, N. Falta la Ñ, que por aquí no se estila mucho. Repasando datos, van pasando hijos de Mao e hijos de Putin, hijos del sushi, de la pizza y de la paella, hijos de la Volskwagen y de la Renault, y hasta hijos de la gran chingada, o de la concha de (su) madre. El último de la lista, empezando por la Y, es un tal "yo", de los momentos tristes en qué no sabía mi número y lo iba enseñando cual autista sordomudo.
En total, más de la mitad de los contactos que guarda mi lamentable móvil chino -el modelo más barato que había, para qué negarlo- ya no son útiles. Gente que, por mil razones, ya no coge la bicicleta por Pekín. Se cansaron, los echaron o nunca pensaron quedarse.
Quizás debería plantearme empezar a borrar nombres. No creo que la mayoría regresen en 2009.

¿Hay alguien ahí?

Hola. Esto vuelve, y espero que para quedarse. La constancia nunca ha sido la principal virtud del escribiente y había demasiadas cosas en las que pensar. En fin. En un mes y poco -lo que hace desde la última entrada- me ha dado tiempo de despedir a mucha gente, de cumplir dos docenas de años, de viajar a algunos lugares más, de comer cochinillo en Pekín, de empezar a pensar en ponerme anorak y varias tonterías más. Entre ellas, también decidir mi futuro.
Suena grandilocuente y, para qué negarlo, lo es. ¿Qué carajo importa el futuro de uno entre 7.000 millones de puntos en el mundo? Pues oigan, humildemente, a mi importa, ni que sea para saber dónde voy a dormir, qué idioma hablar al despertar o si el Barça va a seguir jugando de madrugada. Si rebuscan en el archivo, el primer día, escribiendo desde Barcelona, hablaba de mariposas en el estómago. En una migración digna de récord, los insectos llegaron hace poco a China para ver como iba la cosa.
Tras convivir unas semanas conmigo y darme la brasa 'non stop', partieron hace unos días en busca de otro estómago al que molestar, porque el del que aquí suscribe ya está curado de espanto, después de tanto arroz, fideos y salsa de soja.
Así que nada, simplemente exponer que en 2009 seguiré sudando tinta, china para más señas. Los tres lectores habituales de este blog se merecían ser de los primeros a saberlo, ni que sea por la paciencia y la compasión mostrada. Espero que poco a poco vayan regresando al chiringuito, que reabre sus puertas, con lo mejor y lo peor (sobre todo lo peor) de China.

Drama de proporciones lácticas

Shijiazhuang. Quédense con el nombre, porque a mi me ha costado. Hoy tocaba visita fugaz a esta ciudad, situada a unos 300 kilómetros al suroeste de Pekín. Este rinconcito de mundo -más de ocho millones de habitantes- lleva más de una semana centrando la atención en China.
Acostumbra a pasar que siempre se recuerda al primero, y eso fue lo que le sucedió a Shijiazhuang, que fue la ciudad dónde estalló el escándalo de la leche infantil en polvo adulterada, con la marca Sanlu comiéndose el marrón. Luego han venido más ciudades, más marcas y más contaminaciones: leche líquida, yogures, pero la capital oficial del follón es Shijiazhuang.
Así que, corto y perezoso, he montado en un bonito tren a mi destino, con todo el equipo adyacente de enviado especial: ya saben, cámara de porno doméstico y tal. El paisaje era bonito hasta que me he quedado dormido, así que detalles panorámicos, poquitos. Me ahorro las explicaciones con la burda técnica de incluir la pieza redactada, pero llevo días durmiendo poco y mal.
Sobre la contaminación de la leche, queda poco más que decir. La vergüenza es patente entre todos los hijos de Mao y los hijos de otros. Tengo la suerte de (casi) no tomar leche desde hace años, a pesar de los problemas paterno-filiales que la negativa creó en su momento, pero con el yogur me han tocado la fibra sensible. Una de mis aficiones en China es la garrafa de yogur líquido, versión dos litros, excelente contrarrestador de excesos estomacales. A estas alturas debo tener los intestinos y riñones forrados de plástico. En fin.
Sin embargo, adulterar la leche infantil con productos tóxicos es de hijodeputa, así con todas las letras. Ocurrió antes con la gripe aviar, con juguetes contaminados de plomo y con decenas de casos más y lo peor es que sabes que volverá a pasar.

- Y de regalo, un pack de productos lácticos "made in China". ¿Hace un 'capuccino' en el Starbucks? Total, el café ya es infame de por sí...

CHINA-INTOXICACIÓN (crónica)
Shijiazhuang intenta recuperar la normalidad con el retorno de los últimos lotes adulterados

Los habitantes de esta ciudad de más de ocho millones de habitantes, a 280 kilómetros de Pekín, están poco acostumbrados a recibir visitas de occidentales. Por eso, cuando uno se sube al primer taxi y simplemente pronuncia la palabra 'Sanlu', el conductor se limita a sonreír y, cuando se le pregunta, responde lacónico: 'Sí, hay algunos problemas con la leche'.
La planta del grupo Sanlu, empresa china pero con un 43 por ciento de capital neozelandés, se encuentra en pleno centro de la ciudad y el trajín de personas entrando y saliendo es constante. Según los datos oficiales, la industria ya ha recuperado casi la totalidad de las 8.910 toneladas de leche materna en polvo contaminada, pero los clientes continúan acercándose a la fábrica para devolver cajas de leche líquida y de otros productos lácteos.
Bien organizados, en una mesa de madera junto a la puerta de la fábrica, empleados de Sanlu toman los datos y les devuelven el importe de la compra. En el patio de la planta, los trabajadores se afanan en apilar y clasificar los lotes sospechosos y cargarlos en camiones. Todo este proceso se lleva a cabo bajo un sol de justicia y, lo más sorprendente teniendo en cuenta la tradicional restricción comunicativa china, sin poner pegas a los medios de comunicación. Tras anotar los datos en un papel y comprobar la identidad, Sanlu abre todos los rincones de la planta para que el periodista puede comprobar la transparencia del proceso.
Este hecho contrasta con la ocultación del escándalo por parte de las autoridades chinas, que sólo lo hicieron público después de los Juegos Olímpicos y de contabilizar la muerte de cuatro bebés. En los alrededores de la planta, la presencia de agentes del orden es notoria y los consumidores prefieren pasar desapercibidos.
Sólo una abuela, con un par de paquetes de leche infantil en polvo, rompe el silencio cuando abronca a los empleados y señala a su nieto, que el marido aguanta en brazos. 'La leche lo ha enfermado', asegura Jin, mientras los empleados intentan apaciguarla y un policía se coloca disimuladamente delante del objetivo de la cámara. Este bebé sonríe, pero se calcula que en la provincia de Hebei están ingresados 6.000 de los cerca de 13.000 niños hospitalizados por la melamina, un compuesto plástico que da mayor consistencia a los líquidos y, al ser rico en nitrógeno, puede engañar a los detectores del nivel de proteínas.
Así, se calcula que más del 20 por ciento de la leche infantil china está mezclada con esta sustancia, entre ellos Sanlu y Yili, patrocinadora de los Juegos Olímpicos de Pekín, y otras 20 firmas lácteas. Hasta hace escasos días, Sanlu era considerada un 'modelo de producción' por autoridades y medios de comunicación chinos, por lo que estaba exenta de pasar controles de calidad. La presidenta y directora general de la compañía, Tian Wenhua, y el alcalde de Shijiazhuang, Ji Chuntang, ya fueron destituidos de sus cargos, y hoy también ha dimitido el máximo responsable nacional de Seguridad Alimentaria, Li Changjiang.
El escándalo se produce después de que en 2007 Pekín prometiera tolerancia cero y controles de seguridad máximos en sus productos, a raíz de la oleada de casos de alimentos y medicinas contaminados tanto en el mercado nacional como en exportaciones al extranjero.
La leche de vaca es un producto poco consumido en China y Pekín inició hace menos de una década una fuerte campaña para promocionar el producto entre sus ciudadanos, por lo que todavía está por ver la repercusión que tendrá el escándalo entre la población.
De hecho, no son pocas las ocasiones en las que la leche se usa como regalo especial para familiares y amigos y es embarcada como equipaje en vuelos comerciales o viajes de largo recorrido en tren. Si se tiene en cuenta este dato, la esperanza para los productores lácteos chinos sigue viva: el tren de vuelta de Shijiazhuang a Pekín llevaba varias cajas de leche, adornadas con lazos y los mejores deseos.

La capital de Asia-Pacífico

Regreso de entre la penumbra. Pekín vuelve a su deliciosa rutina instrascendente. Cansa mucho ser la capital del mundo y la resaca tiene pinta de antológica. Además, casi todos los invitados a la fiesta ya se marcharon, con despedidas sonadas. Leí por algún lado que había un hombre muy-muy anciano, que iba perdurando a todos sólo guiado por la esperanza de ser el último en apagar la luz y cerrar la puerta. No es una mala imagen de lo que acontece por aquí en estos días.
A pesar de esta sugerente idea, debo a Hong Kong una entrada, la última de las vacaciones de agosto. Hace ya dos semanas que regresé de este viaje, por lo que he podido enfriar la quemazón: Hong Kong es un lugar apasionante, moderno y -hermosamente- comprensible.
Hong Kong mezcla bien con todo: chinos, occidentales, modernidad, historia, tradición, rareza. Tan cosmopolita como localista, tan especial como visualizable. Esta "región administrativa especial" de China que fue colonia británica hasta 1997 guarda lo mejor de cada casa, y no es un doble sentido. Indudablemente 'british', con un interesante perfume de esencias chinas que no corrompe su espíritu, Hong Kong es como a uno le gustaría que fuese China.

Ya se lo debió ver venir el expresidente chino Deng Xiaoping cuando los ingleses la devolvieron y tuvo que apelar a eso tan cogido por los pelos de "un país, dos sistemas". Deng, torpe para otras cosas (ya saben, Tiananmen 1989 y tal), intuyó que Hong Kong no es China y, lo que resulta más hilarante, que no tiene puñeteras ganas de serlo. Así que unas islas y penínsulas meridionales resisten, como la aldea gala, el empuje mandarín, sin otra poción mágica que el estupendo caudal de dinero que producen. Los tentáculos pekineses, ávidos, se conforman de momento con un diezmo razonable a cambio de tranquilidad y aduanas propias.
¿Cosas buenas de Hong Kong? El inglés. La tecnología. La higiene. Internet abierto y accesible. La policia es inapreciable Que es bonito. Casi nadie fuma en cuclillas. Los niños llevan pañales. Los quioscos juntan prensa internacional y pornografía local. Pocos trajes de cuello Mao, poco verde militar. Unos billetes divertidos, casi de Monopoly. Manifestaciones en las calles. Tiene un mar que vertebra la ciudad, bellísimo. Un 'skyline' de miedo. Aire razonablemente limpio. La libertad y eso.
Todo funciona, menos mi escaso mandarín. Más de 3.000 kilómetros al sur se habla cantonés. "Pues tampoco deber ser tan distinto..." Sí, lo es. Hola no es "ni hao" y a partir de ahí el drama está servido. Luego los andamios de decenas de metros de caña de bambú atada caseramente no sé si entran en la categoría de "étnicos" o de "suicidas".
Como centro cultural de oriente por antonomasia, Hong Kong tiene su propia producción artística. En cine, el malogrado Bruce Lee salió de allí, al igual que el omnipresente-y-todavía-no-malogrado Jackie Chan. También son culpables de gran parte del pop mandarín, que resulta poco apto para diabéticos de lo dulzón de sus melodías.
Por otro lado, tuve la suerte de pasear por allí con un tipo que amaba la ciudad incluso antes de conocerla. Un visionario, o un friki, depende de como se mire. Yo soy más bien de la primera opinión.
De su mano conocí la historia de Kowloon y su ciudad amurallada, el imperio de la mafia china cuando los británicos gobernaban la isla. Un reducto de 100 metros de largo por 200 metros de anchi en el que vivieron más de 30.000 personas, la densidad de población más alta de la historia de la tierra Un reducto de sombras -calles de un metro de ancho, ninguna luz exterior- gobernado por el evocador Sindicato del Crimen.

Al otro lado del Mar de la China Meridional (aunque suene enorme, hay cinco minutos en ferry) se alza majestuosa la Isla, el perfil que todos piensan de Hong Kong. Rascacielos, mármol, centros comerciales enormes, sedes de grandes empresas y clubs exclusivísimos -o no tanto, que con cara occidental y pagando, pasa cualquiera-. Eso que alguien llama la "Capital de Asia-Pacífico". Resulta curioso que las dos mayores capitales posmodernas sean precisamente ciudades sin poder político concreto: Nueva York y Hong Kong.
Pekín, en cambio, lleva albergando poder desde hace siglos. A pesar del maquillaje olímpico, es elefantiásica, de movimientos enquilosados, muy estática. Otro mundo.
De todas maneras, al coger el avión de regreso me embargó una extraña tranquilidad de espíritu, a pesar de la adrenalina palpitante. La ciudad me encantó y al marchar, una especie de certeza, inexplicable, de que volvería a pisar la ciudad.

Paralimpismo

Las sonrisas presiden estos días Pekín. La capital china ha cambiado ligeramente su trato arisco por una sonrisa generalizada. La gente está feliz, por muchas razones. Unos, porque han podido lucir unos Juegos Olínpicos espectaculares, casi sin mácula, y ahora respiran satisfechos y aliviados con la propina. Otros porque están disfrutando de una auténtica fiesta, que ocurre cada cuatro años y aunque se le preste poquita atención, gozan igual. Finalmente hay unos, los menos, porque están pudiendo hacer lo que durante los JJOO no pudieron: entrar en el Nido de Pájaro, el Cubo de Agua y esos lugares mágicos que antes estaban vetados. Bienvenidos al buen rollo paralímpico.
Sé que esta entrada traiciona la palabra dada a Hong Kong, una metrópolis que no merece este silencio, pero prometo que la entrada vendrá, y ya avanzo que será parecida a una declaración de amor eterno. A lo que iba.

Los Juegos Paralímpicos se llevan disputando desde el pasado sábado en Pekín con, bajo mi humilde parecer, un éxito inusitado. Probablemente la lejanía atempere los ánimos y la percepción, pero ver los estadios llenos a rebosar -90.000 personas atronando el Nido de Pájaro es mucho atronar- y la emoción de los atletas es algo hermoso.
Se da la circunsatancia, además. de que España es potencia en deporte paralímpico. No voy a caer en las sensiblerías ni en la compasión porque son gente que sencillamente no lo necesita. De manera congénita o por un accidente cruel, se trata de tipos y tipas que han salido adelante en la vida y en el deporte. Muchos con estudios universitarios, idiomas y bastante más mundo que los supuestos deportistas totalmente "válidos". Gente a la que preguntas y sabe responder más allá de obivedades, gente que te abraza si han ganado una medalla, aunque no te conozcan de nada, sólo pòr compartir la alegría. Son gente feliz, que entrena en el anonimato y que responde con una sonrisa a cualquier chinada. Cada cuatro años tienen su gran fiesta en un rincón distinto del mundo, cuando las luces de los grandes focos ya se han apagado.
Pekín se ha volcado en los Paralímpicos. En su manifiesta torpeza y su evidente buena voluntad, el despliegue de medios es sublime. Hay gente por todas partes y están todas las entradas vendidas. Luego construyen una línea de metro nuevo, especial para los Juegos, que te lleva al Estadio Olímpico y que tiene un centenar de escalones empinados en la salida, pero si hace falta se reclutan a tropecientos voluntarios para levantar la silla a pulso con otra sonrisa. O consideran oportuno premiar una competición de nadadores sin brazos con un ramo de flores que los medaliistas obivamente no pueden recoger. "No hay problema, ponlo en el hombro y lo sujeto con la cabeza". Sonrisas y más sonrisas.Si hasta la mascota, "Lele", una vaca alucinógena, es más bonita que el detestado quinteto olímpico.

- Lele no quiso responder cuando le pregunté por sus primos olímpicos aunque se rumorea que fueron deportados por feos a campos de trabajos forzosos en la Mongola Interior.

¿Se imaginan una final con medalla en la que el que va primero tropieza, gana otro mucho más rezagado y no lo celebra sino que va a consolar a su compañero y le ayuda a levantarse porque las prótesis se han doblado? ¿Saben de algún caso de un nadador de un país que deje un bañador de esos que ayudaron a llos ocho oros de Phelps para que compita con él? ¿Han visto nunca una carrera en la que lazarillo y atleta ciego se partan la medalla ente lágrimas? Pues eso. Que los Paralímpicos molan y ponen la piel de gallina.

Lost o el centro de rehabilitación

La segunda etapa malaya empezó, cosas de la lógica, dónde terminó la primera. Muy pronto por la mañana, unos amigos, mis legañas y yo subimos a un avión con destino Kota Bharu. No, yo tampoco sabía dónde estaba eso, pero se trataba del aeropuerto más cercano a las Islas Perhentian, destino final.

Aunque llamar aeropuerto a Kota Bharu es ser excesivamente optimista. Se podría dejar en "aeródromo" sin problemas morales y en "una pistilla de asfalto y una salita apañada al lado" siendo algo más picajoso. De Khota Bahru, el camino siguió durante otra hora mediante taxi, para luego completar la ruta con otra horita en lancha. Básicamente, podría decirse que hay pocos sitios más alejados de todo que las Islas Perhentian.

Las Perhentian son un par de islas en la costa noreste de Malasia, casi tocando a Tailandia. ¿Cómo son? Como la isla de Lost pero sin cosas raras. No divisas tierra firme y sólo hay vegetación abundante tocando al mar, arena blanca, agua turquesa de esa que queda tan bonita en las fotos y buen rollito general. No me hubiera extrañado cruzarme con Jack o el gran Locke por ahí, pero no pudo ser. Debían andar ocupados.

El transporte por las islas es exclusivamente por mar y resulta curioso y tremendamente 'chic' cogerse la barca para ir a buscar una playa desierta, pero desierta-de-que-no-hay-nada-ni-un-triste-chiringuito. Más emocionante todavía es meterse siete personas en una lancha con mar brava ya de noche y volviendo de una puesta de sol, pero eso ya es otro tema.

La soledad entronca directamente con la sensación de "centro de rehabilitación" que planea sobre estas playas. Se trata de un lugar tan bonito, tan relajante y tan cerrado a las diez y media de la noche que no hay otra opción que desarrollar una vida sana. Se bucea por la mañana, se bebe un zumo de frutas, se toma el sol, se lee un libro, se hace algo de kayak, se come pescado en una barbacoa y buenas noches. El ambiente es tan puro que hasta Amy Winehouse podría lograr una esperanza de vida superior a los 30 años.

Además, la idiosincrasia malaya, musulmana mayormente, tampoco facilita la vida disoluta. El alcohol está semiprohibido y es horrorosa sensación la de leer la carta y no ver una triste cerveza, aunque los audaces camareros manejaban un mercado negro de mínimos a precios echorbitantes. De la misma manera, se antojaba extraño compartir playa -aunque a muchos metros de distancia, faltaría más- con mujeres en burka y maridos barrigones en bañador apretado.

Después de una semana introspectiva, me miro al espejo y me doy cuenta que tengo buena cara. Las eternas ojeras han remitido algo y la impresión general es (casi) la de una tipo saludable. Sin embargo, creo que el bienestar y el áurea zen van a durar poco: otra visita barcelonesa amenaza con enturbiar la paz y volver a sumergirme en la oscuridad pekinesa. De momento, ya lo consiguió en la escapada hongkonesa, último capítulo turístico post-olímpico.