72 horas en Beijing dan para mucho. Uno puede aterrizar, coger taxis, buscar el hostal, comer un menú del McDonalds por 18 yuanes (1,8 euros), visitar el que -probablemente- será su futuro lugar de trabajo, dormir la siesta y sufrir 'jet-lag', comer arroz, ir a hacerse la acreditación de prensa, comprarse un teléfono movil chino, comer más arroz con 'noodles', pasear, coger el metro, dormir, ver la tele china y un sinfín de cosas más.
También puede entender el concepto "frío seco", que se da cuando la temperatura se sitúa bajo cero mientras sopla un viento que te corta los labios y la cara sin remedio.
Es por ello que no es nada raro que los chinos lleven dos pantalones -o más-, uno encima del otro. También es válida la opción de los calzones largos del abuelo, o para ellas el uso de medias o leggins.
De momento se trata de una opción a la que el recién llegado se resiste, más por orgullo que por otra cosa, pero esta convicción tiene pinta de desvanecerse al próximo día nublado que haya por Pequín.