La ciudad de los autos locos (aunque lentos)
Siempre se ha dicho que El Cairo es un caos de coches, que en Roma los coches no respetaban nada y que en Cádiz es común ver a padre, madre e hijo subidos en la misma moto sin casco. Bueno-vale-de acuerdo. Pero en Pekín no es la panacea. Todo la teórica disciplina china se viene abajo cuando los amigos se ponen al volante. Darwin sonreiría al ver el cómo evoluciona el tráfico: el grande siempre se come al pequeño.
Un camión y/o autobús tiene preferencia sobre un coche, un coche hace valer su tamaño frente a la bicicleta y ésta le chulea al peatón, que puede morir atropellado por cualquiera. Y yo, de momento, soy un peatón, aunque ya avanzo que deseo subir de categoría en breve.
El tema es que en Pekín los semáforos pueden considerarse lo que un amigo mío italiano definiría como "suggerimento", es decir, una sugerencia, una invitación.
Que el semáforo esté en rojo es una advertencia que cruzar está más complicado que si luce el color verde, pero nunca significa prohibido. En contraposición, un semáforo verde jamás es definitorio de que el camino está despejado. El ámbar, directamente ni existe. Las 'pirulas' (vueltas de 180 grados en medio de la calle) son un pasatiempo popular y con gran aceptación.
Por eso, cruzar una avenida de ocho carriles para vehículos a motor y dos carriles bici se convierte en una curiosa "gimcana" donde pequeños grupos de viandantes se juntan dispuestas a jugarse la vida, cual rebaño de ovejas listas para ir al matadero.
La propia conciencia biológica de supervivencia le dice a uno mismo que es mejor no liderar el grueso del pelotón, ni tampoco conviene quedarse atrás. Lo ideal, confundirse en el tumulto.
Coches y autobuses pitan y pasan a centímetros de la carne humana, pero hay pocos accidentes. La velocidad es mucho más moderada que en occidente y da tiempo a realizar piruetas acrobáticas de evasión.
Eso sí, jamás gritan. Se trata de un caos civilizado dónde ningún chino da recuerdos a la familia de otro a través de la ventanilla por muy gorda que se la haya liado. Curioso país.

PD: -10º en Beijing. Lagos helados en el centro de la ciudad. Luce el sol, pero el mismo sol que debe hacer en la Antártida o en el verano de Plutón. Dicen que la primavera llega en marzo. Estoy por hibernar hasta que venga.


Daniel dijo
Mestre!
Hauries d'estar a Nova Delhi on, a més de tot això que has dit, el paviment dels carrers brilla por su ausencia i les vaques campen al seu aire. És, crec jo, la pitjor ciutat del món pels vianants.
17 Enero 2008 | 02:23 PM