Publicidad:
La Coctelera

(sudando) tinta china

aventuras y desventuras de un becario en Beijing

18 Enero 2008

Humor amarillo o la sobremesa más 'bizarra' de mi vida

Hoy la noticia sería que he firmado el contrato de alquiler del piso en Beijing. Pero esto un interés mucho más allá por sí mismo. El piso está bien, es razonablemente barato y permitirá empezar a normalizar la vida por aquí.
Sin embargo, lo realmente interesante ha ocurrido después de firmar el contrato. En China, como buen gobierno amante del control, obligan al extranjero a estar siempre registrado en algún lugar -imagino que, más que nada, por si hay que deportarlo-. Hasta hoy mi nombre figuraba en el hostal donde me alojaba y desde hoy ya está inscrito en el piso, después de un no poco farragoso trámite con la burocracia policial china.
La cuestión es que después de registrarme, el dueño del piso nos ha invitado a comer. Se trata de un sesentón, de nombre Huang (creo) y de rostro afable. Obviamente, no habla una palabra de español.
Los extranjeros accedemos a estos pisos a través de un agente, un intermediario chino que sólo tiene en su haber el hecho de hablar chino (se supone que bien) e inglés (muy variable en cada caso). Todos comparten una pinta de piratas importante. En mi caso, el personaje afirma llamarse Lucky. Se trata de un nombre anglófilo escogido por ellos mismos para tratar con occidentales. "And why Lucky?" "Because i think it brings me good luck". Viva la lógica pekinesa.
Pues en ésas, volviendo de la policía, los tres becarios, Huang, Lucky y tres amigos de este último que nadie sabía de dónde habían salido -no english, tampoco- se fueron a comer a un restaurante chino cualquiera, de esos con mantel de plástico, colillas en el suelo y menú sólo en mandarín y sin dibujos.
El propietario del piso pidió lo que podría denominarse como el menú degustación: un montón de platos chinos, abigarrados y con contenidos sospechosamente amorfos que el bueno de Lucky definía lacónicamente como “chicken”, “meat” o “fish”.
Mientras cebaban a los occidentales, el dueño del pis se hincó medio litro de licor de arroz, con 46 grados de graduación y una sonrisa que no le cabía en la boca al hombre. Esta ingesta etílica derivó en una locuacidad tremenda del susodicho, que, sentado a mi lado, me adoctrinaba sobre las bondades de la comida en perfecto mandarín.
Mi dominio del idioma me permitía darle las gracias a cada momento, asentir con la cabeza cuando se reía y fruncir el ceño cuando levantaba el dedo índice para señalar y con el extra de no entender absolutamente nada. Un diálogo de besugos en toda regla.
Durante casi dos horas, estuvimos ahí, dándolo todo. Brindando cada cinco minutos, por China, por España y por el comunismo. Comiendo
cosas que probablemente nunca vuelva a comer, con gente que jamás sabré
quiénes eran. Riendo de bromas que nadie entendía. Haciéndonos fotos como amigos de toda la vida. Y todo, sin compartir una sola línea de diálogo coherente.

Tags: chinadas, food, idioma

servido por tintachina 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Oli

Oli dijo

Pero que cabrón!
Ya empezamos con las técnicas de márketing para fidelizar a la clientela (al más puro estilo 'tomate'! :D
Em quedaré esperant notícies teves al meu Google Reader.

18 Enero 2008 | 12:16 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de tintachina

(sudando) tinta china

ver perfil »
contacto »
Guillem. Periodista pero becario. Nacido premonitoriamente en 1984. Enamorado de Barcelona y ahora destinado al otro lado de globo.

Creative Commons License Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

tintachina todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera