Recuerdo estar un día en un garito decadente del no menos decadente Salou tomando, probablemente, una pinta de sidra. No sé como empezó ni porque caminos discurrió la charla, pero, de golpe, los asistentes al evento nos topamos con una conclusión irrefutable a la par que innecesaria: éramos “hombres de barra de bar”.
Este concepto engloba la querencia a tomar cañas y cafés apoyado en el acero inoxidable o a la fórmica de una barra antes que sentado en una mesa. Carece de un motivo o explicación más allá del propio magnetismo de este elemento sobre los cuerpos y el gusto por el trato directo y sin esperas.

No obstante, China no me permite esta excentricidad. Los amigos de Mao no tienen clara las nociones de un bar al uso. Aquí hay pubs, restaurantes y Starbucks, con sus respectivos inconvenientes y carencias.
Los primeros solo abren por la noche, acostumbran a ser excesivamente ruidosos y carecen de facilidades tan básicas com una cafetera o unas patatas bravas.
Los segundos son lo más parecido a lo que entendemos como bar. Con horarios normales, entre las privaciones destacan que la inexistencia de barra y que sólo sirven cerveza de botellín, obviando el añorado surtidor de barril. Además, la cafetera –si hay huevos a pedir café- es una jarra enorme de agua parcialmente ennegrecida que haría llorar a Juan Valdés.
Los terceros, mejor ni entrar a valorarlos. Antes muerto que en el Starbucks.
Así que tengo el (insufrible) disgusto de anunciar que en China no he hallado todavía ningún Bar Liang, Bar Wei o Bar Liu, las traducciones aproximadas de los muy carismáticos Bar Pepe, Bar Paco o Bar Manolo que tantas horas de mi vida han visto perder.
PD: Lecciones útiles de mandarín. Primera palabra: “Shifu”, traducida al idioma de Cervantes como “jefe” o “maestro”. Ideal para ganarse el aprecio y el interés de colectivos hostiles chinos como taxistas y camareros.

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