El horror... el horror..."
Coronel Walter E. Kurtz, escondido en Vietnam, recordando como vivió un año nuevo chino en Pekín.
Están que lo tiran, oiga. Me duele la cabeza. No es broma. Llevan 120 horas sin darme tregua. A la que logro echar una cabezadita, algún iluminado se acuerda de que todavía le quedan petardos.
Por eso, esta vez intentaré cambiar de tema y referirme a los mercados chinos, los de las falsificaciones, copias y cosas bizarras, que en Pekín son una atracción sólo comparable a la plaza de Tiananmen, la Ciudad Prohibida o los bares de fiesta de Sanlitun.
De momento, he tenido el dudoso orgullo de visitar dos de ellos: el Silk Market o mercado de la Seda -el mayor y más famoso de Pekín- y el Yashow Market, algo menos concurrido pero que queda cerca del trabajo.Son bastante precidos, con las mismas marcas, modelos, virtudes y defectos. Por partes.
Primero, es cierto que son muy baratos, sobretodo el tema de ropa. Verbigracia: un anorak North-face aparentemente impoluto cuesta no más de 150 yuanes (15 euros) y un traje de sastería a medida puede salir por 400 yuanes. Ojo que con la tontería de los Juegos Olímpicos, me dicen que los precios se están disparando... Hay mucho Ralph Lauren, Tommy, Armani, Dolce&Gabanna y Diesel a precios irrisorios y muchos cajeros automáticos en la puerta.
No obstante, cabe matizar que hay distintas calidades. Huelga decir que no hay propiedad intelectual que valga para las marcas, aunque me hizo gracia lo que leí el otro día: los chinos han patentado la marca Silk Market para que nadie pueda plagiarles. Con dos cojones.
Así, según lo que he visto y lo que me han contado los viejos del lugar hay tres modalides de género:
- La denominada "apartada" es parte del stock pedido a China por una gran marca que en la propia fábrica han "separado" para ganarse unos dineros. Calidad occidental, es la menos común.
- La "falsificada" es ropa confeccionada con el mismo patrón de las marcas pero con un proceso menos cuidado y, seguramente, un tejido algo distinto. Calidad aceptable, es de lo que más encuentras.
- La "copiada" no vale la pena ni comentarla. Es tan lamentable que hace llorar a Calvin Klein y demás vividores. Se ve a la legua pero tienes que ir con ojo que los chinos son muy vivos y su objetivo es coláretela.
-Mira qué bolsos Louis Tuivvon más bonitos... Te vendo tres por dos euros.
También hay zapatos, ropajes chinos típicos con dragones y tal y electrónica (sin gran descuento a no ser que te la juegues con marcas chinas absolutamente desconocidas).
El precio depende de la habilidad del comprador y del dinero ganado ese día y los clientes que tenga rondando el vendedor. Mejor ir por la mañana, aunque eso también comporta riesgos.
Por ejemplo, que por la mañana estás solo contra el peligro. Los y las dependientes, literalmente, te acechan y acosan. Te tocan, te cogen, te hablan, te gritan, te llaman "handsome guy" y otras tonterías. En mi caso, también les gusta tocarme el pelo. Terriblemente incómodo.
Ellos sonon capaces de chapurrear mil lenguas y van con una calculadora siempre en la mano. Escriben una cifra, tu dices que es my caro, te piden que escribas tu lo que pagarías, lo haces y te dicen que estás loco. Bajan algo el precio, después te piden que subas algo y sucesivamente hasta llegar al acuerdo.
Se dedican no menos de cinco minutos por cada regateo y tienes que aprender a respetar las costumbres y la teatralización. Todo es negociable. Que si pongo cara de que no, que si hago que me voy, etc, etc, etc. Al principio es divertido, luego es un suplicio. La rutina acaba con la pasión, como en todo.
Lo cierto es que hay cosas baratas y útiles, pero en estos lugares, los occidentales somos euros y dólares andantes, sin más. A mi me sirve para practicar -mal que bien, los números y algunas expresiones en chino, pero los dependientes prefieren venderme algo rápido en español elemental a que yo haga pinitos en su idioma con ellos.
De momento, confieso que me he comprado un jersey, camisetas varias, calzoncillos, guantes, un cinturón, una bufanda y otras tonterías varias. Volveré, sin duda. A ver que más cosas innecesarias encuentro a un precio que hace que las considere vitales.

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