...o de cómo alcanzar un alto grado de bienestar en una tarde afortunada.
Trabajar en horarios de mañanas tiene muchas desventajas. La más importante, sin duda, la falta crónica de sueño. El repiqueteo tocapelotas de dos teléfonos móviles cada mañana no le va a la zaga. La redacción en estilo barroco de noticias a primera hora, releída horas después con vergüenza y perplejidad, también es una constante.
Tiene también cosas buenas, no obstante. La tarde libre, por ejemplo. Aunque aquí anocheza muy pronto, todavía antes de las seis, tienes un par de horitas para coger la inseparable bicicleta y meterte por callejones desconocidos.
Vagabundeando sobre ruedas es una manera curiosa de conocer el país. Al no ser Lance Armstrong, mi ritmo ciclista de "trote cochinero" da para ver el paisaje con calma y fijarte en detalles curiosos del Pekín ese que no sale en las fotos pero que a uno le gusta incluso más que el otro.
El tema es, sin embargo, otro. Con la bicicleta, también puedo investigar para mi supervivencia y placer. Buscar alimentación occidental, tiendas de dvds piratas a un euro, farmacias para mi afición automedicativa y otros vicios.
Así, esta semana prové por primera vez la fama de los masajes chinos. Escogí convenientemente un sitio ad hoc, llamado "Long Island" y dónde las fuentes consultadas me garantizaron que era limpio y no habría el tan cacareado "happy ending" que -dicen- abunda por aquí. Algo caro (138 yuanes, algo más de 13 euros) respecto a la tarifa estándar pequinesa, gocé el mejor masaje de mi vida. 90 minutos de masaje con especial atención a la reflexoterapia, que para las gentes de bien, significa que te masajeen los pies. Suena guarro, pero mola. Antes te los limpian y tal, y luego te van echando aceites varios.

- Me masajearon todo lo que está de colorines y más...
A todo esto estás apoltronado en un sillón, con música relajante de fondo, velitas y una decoración muy sudeste asiático. Te crujen los pies, te dan vueltas, te toquetean gemelos, rodillas, pantorrillas y lo rematan con un indescriptible masaje en la cabeza. Confieso que, entre el sueño y el placer, caí rendido.
Salí del Long Island -al que regresaré, sin duda- medio ido. Cogí la bicicleta aún con la cabeza en el sillón y deambulé como pude hasta casa por una ruta no habitual.
De repente, casi me caigo. Mis ojos vagaban por los escaparates como de costumbre, cuando repararon en un cartel rojo, cuadrado. "Cafés Illy", rezaba. A cualquiera chino esa publicidad no le decía nada, pero a mi me llegó al alma y no me importa hacer publicidad:
Illy es una marca italiana de café, la última marca de café que tomé en Barcelona, de hecho, un postrero homenaje que me di con un 'espresso' en la barra del aeropuerto. Delicioso.
Entré al lugar desconfiando, buscando la máquina de café. Temía ver la típica cafetera americana grande, que hace llorar a Juan Valdés.
- Hola, soy una típica cafetera americana. En las pelis de Tarantino salgo muy bonita y siempre piden que rellene las tazas de medio litro, pero yo sé que mi café es infame...
Pero no. Tuve suerte. Había una máquina italiana, que nunca es garantía de nada pero esta vez salió cara. Pidiendo un café corto, senalando directamente una taza minúscula y rezando para que no quitara la crema, una joven obediente me hizo feliz. Por 22 yuanes, eso sí. Más de dos euros. La felicidad no tiene precio. O sí. Quizás alguna equivalencia así como seis cafés por un masaje.

massatge al cap ?? - segur que la massatgista es van enredar els dits amb els teus rinxols.......!!! (per aixó et va sortir més car el massatge = segur que et van aplicar un plus per dificultat...).
Suena sùper ese masaje en los pies. Enseguida pienso que sufro de cosquillas en el - solamente - pie izquiero y que la lucha por controlarlas le hubiera quitado todo el placer. Aunque no sé, a lo mejor el mismo masaje es capaz de controlarlas por alguna presión en algún lugar específico de la planta del pie contrario. Divagues míos, no me hagas caso. Un saludo para ti, del otro lado del planeta , a cuántas horas-luz de distancia? Casi 12, no estoy segura ... ya debes estar pedaleando para llegar a algún lugar. Ante un Illy, prefiero un Juan Valdéz.
q pend jaaaaaaa es esta cosa no vale la pena