Happy Saint Patrick's day a everybody. Es una fiesta curiosa, que en Pekín también se celebra (aunque sólo sea por parte de los expatriados). Me pregunto qué deben pensar los autóctonos cuando ven 'leprechauns', duendes y todo de gente occidental vestida de verde bebiendo cerveza como si le fuera la vida en ello. Puedo confirmar que los taxistas no entendían nada, pero estaban encantados con las propinas que los beodos dejaban.

Los extranjeros vienen a Pekín a aportar conocimientos, experiencia académica ly laboral y un valor añadido (sic)

Los escasos 'pubs' de Pekín estaban hoy a reventar. A precios poco populares -pagar una pinta de cerveza a cincuenta yuanes (cinco euros) es un robo aquí y en Mogadiscio-, los amigos irlandeses han hecho su particular agosto. Resulta curioso ver como la globalización ha llegado al punto de que americanos, italianos, españoles, alemanes, irlandeses, ingleses, hindús y chinos brindan a la vez por algo que el 90% no tiene ni la más puñetera idea de lo que es.
Lo mejor, otra vez, los camareros: ver a un chino llevando cuatro pintas en la mano con una camiseta con la mitad pintada de rojo y la mitad estampada con la bandera irlandesa tiene su punto. Malditos "laowais" (extranjeros), deben pensar, y no sin razón. Hoy trabajaron a destajo y los arrogantes extranjeros volvimos a hacer gala de nuestros lamentables modales.
Estas fiestas permiten crear una idea grupal-tribal entre los occidentales, que en realidad no es tal -cada uno es muy suyo- pero que se plasma en el tema de conversación más común: cosas que detestas de China. Se establece una relación de amor-odio realmente inquietante con el país de acogida, nunca bien resuelta y que sólo emerge después de un par de jarras de cerveza. Supongo que, como en todo, la verdad necesita de ciertas estimulaciones.