Un rincón de Pekín
Creo haber dicho ya alguna vez que Pekín no es una ciudad acogedora. Es enorme, fría y hostil para el recién llegado. Demasiado mastodóntica para que el neófito pueda echarle mano. Su color natural –como el de tantas ciudades, por otro lado- es el gris. Pero se trata de un gris apagado, polvoriento, de hormigón armado. Otra herencia antiestética del comunismo. Una más.
Sin embargo, con el tiempo, algo así como tres meses, uno acaba descubriendo algunos de esos lugares que las guías turísticas denominan pretenciosamente “rincones con encanto”. Yo prefiero llamarlos sitios dónde uno se siente bien. Son espacios personales y a menudo intransferibles, porque uno teme que una profanación excesiva termine con la magia. En este caso, sin embargo, voy a hacer una excepción, porque es un rincón tan obvio y tan común que ya perdió cualquier tipo de “virginidad afectiva” para la humanidad mucho antes que yo reparara en él. De hecho, leí que su origen data de 1530, así que es posible que lleve como cinco siglos gustando.
Bienvenidos al Ri Tan Park, que en hispano viene a ser el Parque del Dios del Sol. Situado en un punto estratégico de Pekín: menos de diez minutos de mi casa. Ri Tan es un parque cuadrado –¿hay algo que aquí no sea rectilíneo?-, con su césped inerte por el invierno, con sus glorietas típicas orientales y un montón de niños correteando. Hasta aquí, todo bien.
El entorno es, para mi gusto, difícilmente mejorable. Se encuentra en la zona de Yabaolu, en pleno barrio ruso, con carteles en cirílico y estupendas y peligrosas señoras rubias paseando. En una esquina se erige el Maggie’s, uno de los antros con más historia de Pekín, veteranísima y glamourosa casa de lenocinio, guarida de siempre para empresarios y embajadores occidentales.
A esta combinación se le añaden un montón de sauces llorones (imprescindible balanceo lánguido de sus ramas al viento), una pequeña colina taoísta de la que divisar las calles más cercanas y un silencio complicado de conseguir en una metrópolis. Sazónese con varios bancos desperdigados al sol de la primavera, algunos viejecitos practicando tai-chi a primera hora de la mañana y un maravilloso bar-barco en un estanque arrinconado. Sírvase a temperatura ambiente, con una cañita de barril y un buen libro. Et voilà. Ya tiene el domingo arreglado.



Luis dijo
"El Gobierno chino enviará a un grupo de 10 periodistas españoles a Lhasa para mostrar la realidad de la capital tibetana"
Esta es la noticia que más me ha sorprendido esta mañana en Catalunya Ràdio -con permiso de la renuncia de Carod-, mientras preparo reportajes para Mercados y el viaje a Suiza para ver a Starbucks.
Supongo que contarán con vosotros, además de los clásicos Rafael Poch, Jose Reinoso y Aritz Parra. ¿Será posible que en EFE estén tan asentados que decidan enviar al becario espabilado?
25 Marzo 2008 | 11:07