¿Qué hace un expatriado español comiendo cada vez que puede en un restaurante ruso de Pekín? Pues básicamente disfrutar. El "Traktirr Pushkin" se está convirtiendo, poco a poco, en uno de esos sitios míticos de una ciudad. Se trata de un restaurante caro para los estándares pekineses: un ágape completo te sale por cien yuanes, unos diez euros.
El precio hace que muchos de sus clientes sean extranjeros, pero un buen índice de la calidad del lugar es la cantidad de rusos y eslavos que te encuentras siempre. Se trata de un enclave histórico para el gueto ruso en Pekín, aunque curiosamente se encuentra fuera de Yabaolu, su zona de influencia, trapicheos, con muchos coches y mujeres de lujosos chasis.
Su decoración es, como se puede observar, manifiestamente hortera por fuera. En el interior abunda el terciopelo. Las camareras van vestidas con trajes regionales -supongo que rusos- y a última hora acostumbran a tronar melodías de ésas que te imaginas que debían hacer bailar a Vladimir Illich Ulianov en sus momentos de gloria.
Tropecé con él por casualidad, como casi todo lo que me está pasando por aquí. Nunca había estado en un ruso y me picó la curiosidad. La carta es variada y en las múltiples visitas que le he realizado la he repasado casi de pe a pa. Destacan muchas especialidades procedentes de los fríos, como el salmón, el caviar y el mutón. Lo cierto és que disfrazarte por unos minutos de Tony Montana pedirte un entrante de huevas de esturión (ocho euros) tiene su puntito.
Sin embargo, para mi hay tres platos que sobresalen: el 'borsch', el filete al estilo de la casa y el pastel de manzana con helado de vainilla.
El primero de ellos es una sopa de remolacha, algunas verduras y huesos de carne, cocida a fuego lento y con un añadido final de leche agria que le da un punto espectacular. Según el inefable Google, es originaria de Ucrania, pero para mi que viene del Valhala.
El filete es más complicado de definir. Cabe destacar que se trata de un contundente doble filete, uno encima de otro, de carne de cerdo. Coronado con una bechamel de queso y con una sutil salsa que recuerda a la mostaza, pero con algún añadido más que nadie me ha querido contar. Igualmente apoteósico.
El postre es sólo apto para no diabéticos. Una suave tarta de manzana casera con topping de helado de vainilla cremoso. Pecado mortal, sobre todo si ya te has metido entre pecho y espalda lo enumerado anteriormente.
Para beber, uno puede escoger entre lamentables vinos chinos o una surtida colección de cervezas caseras eslavas. Algunas de ellas traen detalles tan entrañables en su interior como un chupito de vodka rojo de cereza. En general, son muy buenas. La carta de licores es igualmente extensa, con vodkas infusionados con té de éxito profuso entre el público, aunque personalmente no me apasionan.
En fin. Que me ha entrado hambre y al ir a la nevera, he encontrado un páramo desolado. Me queda un plátano y un litro de yogur líquido. Creo que ya no puedo aplazar más la visita al súper.

Veig que t'estàs convertint en un autèntic gourmet !!
I tot per només 10 euros ??
Tio! Estic posant-me al dia amb el teu blog, que ara ja feia un temps que no el llegia. Què gran el restaurant rus en mig de la megàpolis xinesa! La carn de la casa que esmentes també es troba entre el meu Top 10 de plats rusos favorits! I el "borsh"... nyam nayam! :)