El suelo bajo sus pies
Dudo que Salman Rushdie esté muy contento de que un título suyo sea usado de manera tan profana, pero su novela "El suelo bajo sus pies" no está mal del todo y en la entrada de hoy me sirve que ni pintada. En el libro, una cantante india desaparece de la faz de la tierra en un terremoto, de ahí el título. La noche del viernes, yo creo que compré muchos boletos para que me pasara lo mismo. Déjenme, sin embargo, empezar por el principio.
El principio es la educación, que para algo mis padres me llevaron a un colegio de pago. Y la educación obliga a pedir disculpas: durante unos días este blog no ha sido actualizado como debería por un viaje de trabajo a la provincia de Hunan, que detallaré en próximos días, con foto incluida.
De hecho, llegué a Pekín el viernes por la noche, con el tiempo justo para dejar la cámara de televisión y los calzoncillos sucios e irme escopeteado con mi e-bike al concierto de DJ Tiësto.
No se confundan ustedes: un nombre tan lamentable esconde detrás uno de los mejores -sino el mejor- pinchadiscos del mundo. Este simpático holandés con cara de buenazo es una debilidad del que aquí suscribe. Para algunos suena muy "chimpun-chimpun", pero su estilo 'trance' llega al alma hasta de los músicos más ortodoxos.Pues eso. Tiësto venía por segunda vez en la historia a Pekín a evangelizar a los hijos de Mao. El garito escogido, el GT Banana, uno de los clubs más exclusivos de la capital china, dentro de un complejo hotelero de cinco estrellas. Un sitio con muchos sofás reservados, múltiples botellas de Moët Chandon e miles de hijos de comunistas tirando de la tarjeta de crédito, ese maligno invento occidental. El viernes, además, el GT Banana contaba con un 'overbooking' de personal de juzgado de guardia.
Servidor iba acreditado como prensa y no tuvo problemas para entrar. Sin embargo, ya en el interior, todo se complicaba. Tiësto todavía no había empezado y estaba lleno hasta la bandera. Colas para ir al baño, colas para dejar la chaqueta, colas para pedir un combinado, colas para cruzar unas escaleras y hasta para saludar a las gogós.
Pero fue empezar y la locura se desató. Miles de cuerpos empezaron (empezamos) a saltar y berrear como si en ello fuera la vida. Prometo que el suelo se movía bajo nuestros pies, que el edificio entero temblaba. Apoyé la mano en la pared para confirmar mis sospechas y percibí los cimientos del hotel socialista sufriendo.
Luego vino el sudor y las camisetas empapadas. El holandés se arrancó con alguno de sus clásicos (Traffic, Dreaming) y la turba aulló más todavía. Había tanto estruendo y tanto fragor entre los fieles de Tiësto que yo creo que Leónidas no hubiera perdido en las Termópilas de contar con ellos. Como me dijo un americano al que no conocía de nada después de abrazarme, "that's insane, man".Acabé con tres kilos menos y una cara de felicidad tremenda. Decidí rematar la noche con un estupendo Double Cheeseburger en el no menos estupendo McDonalds 24 horas de al lado de casa. En fin, lo que se vendría a llamar una noche feliz.
PD: Mañana cuento el viaje a Hunan y mi experiencia en la ciudad más fea que he visto jamás, aunque debo reconocer que fue curioso.


flor_deloto dijo
El cuento de la ciudad más fea, promete. Lo espero con paciencia.
La experiencia que culmina con "big mac", parece haber sido lo máximo, me alegro que se te vayan arreglando los días-noches en Pekin.
Beso.
7 Abril 2008 | 11:53 PM