Otro título engañoso. Hoy no toca geopolítica, ni relaciones internacionales ni tan sólo (¡sacrilegio!) derechos humanos. Se trata de una de las estampas más comunes de China:

-"Qué ricos mis fideos al borde del abismo". Y sí, a mi también me dan ganas de pasar por detrás y empujarlo un poquito, a ver qué pasa.

A los occidentales nos duele sólo de pensarlo, pero aquí es la postura más clásica. Así, agachadito, se puede comer fideos, fumar, leer el Diario del Pueblo, charlar sobre fútbol, jugar al parchís e incluso, para los más avezados, dormir una siesta fugaz. Y muy cómodos, según parece.
Alguna vez he hecho la prueba, pero mi precario sentido del equilibrio y mi más preacaria aún fuerza muscular impiden mantener la postura más de dos nanosegundos sin ponerme a temblar o tener que echar mano al piso. Preguntándolo entre los viejos del lugar, me he dado cuenta -para mi alivio- que este problema es común en toda la raza no asiática.
A través de un concienzudo estudio anatómico hecho por mi mismo y mis ojitos, he llegado a la conclusión que los chinos se ponen así porque no tienen culo. Entiéndanme: tienen culo, pero sin las formas usuales en otros cuerpos. Así, el concepto "cadera" queda reducido a la mínima expresión. Dicha lacra les impide bailar de un modo mínimamente aceptable (otro día describiré a una china intentando bailar salsa), pero resulta tremendamente útil para agacharse sin tambaleo, un poco al estilo "caganer del pesebre".
Así, mientras que al occidental estándar "le pesa el culo", el centro de gravedad del chino medio está -perdonen la ordinariez- en pleno coxis.
Mi estudio no ha sabido determinar si esta conclusión explica algunos comportamientos chinos, pero me aventuro a decir que da pistas sobre con qué parte de su cuerpo piensan a veces -sólo a veces- los hijos de Mao.