Era una madrugada cualquiera en Pekín, de esas típicas madrugadas de miércoles a jueves en las que todo el mundo sale (?). En la tele, ponían un equipo de fútbol había empatado a nada contra otro, que pudo ganar cuando la primera cerveza todavía no había llegado. El partido terminó y alguien salió a la calle.
-¿Oye, qué hora es?
- Las cuatro y media, un poquito más tal vez. Espera... -gesto de mirarse la muñeca-, son las 4 y 37, exactamente.
- Ahá. Gracias.
(Silencio reflexivo de tres segundos, hay momentos en la vida de un hombre en los que cuesta hilvanar pensamientos, y no precisamente por el alcohol, esa excusa habitual).
- ¿Y a las 4 y 37 de la mañana ya es casi de día?
- Pues parece que sí.
En China todo es blanco o negro. Es lo que tiene este gobierno. Así, el secretario general del Buró de la Fecha y la Hora, perteneciente a la Oficina General de Eventualidades Ineludibles Naturales, dependiente a su vez del Ministerio para que Todo lo Interno Funcione y Nadie Proteste, que da cuentas al Comité Permanente del Reino, controlado directamente por El Gran Líder que Cambia Cada Diez Años decidió un día, allá por cuando Mao -o quizás antes- que en toda China sería la misma hora. Por algo este hermoso lugar se llama El Reino del Centro (Zhongguo).
En términos de longitud, es decir, desde el extremo más oriental al punto más occidental China mide alrededor de 5.200 kilómetros, o si lo prefieren lo mismo que hay entre Barcelona y Dubai, o entre Nueva York y Lisboa. Que no es pequeño, vaya.
Sin embargo, por esas cosas mágicas que tiene este gobierno y sus soluciones salomónicas, el huso -así con h, como hídolo o hesto- horario es exactamente el mismo en Harbin (la ciudad más cercana a Corea del Norte) que en Kashgar, casi tocando a Afganistán: estamos situados en el +08.00 GMT, tanto en invierno como en verano, sin cambio horario (aquí no gustan de modificar ni eso).
Cuidado, que esta tontería no es baladí, porque Kashgar -si los chinos hubieran utlizado la lógica, que es pedir mucho- debería estar como cuatro horas por detrás del reloj, compartiendo horario con Kabul y otros hermosos rincones de la estepa asiática de su misma lontigud.
Así, las disfunciones creadas són apoteósicas. Porque si en Pekín ahora amanece sobre las 4:37 horas y se pone el sol sobre las 19.00, pues calculen que en Kashgar a eso de las 8.15 de la mañana sale el sol, que aguanta hasta las 23.00 horas. Y mejor no hablar del invierno perquinés y sus anocheres a las tres de la tarde, que descolocan a cualquiera y con los que todavía tengo pesadillas.
Pregunta: ¿Tanto costaría ponerlo todo en orden? Respuesta: Sí. Muy complicado. Misión imposible. Los chinos teniendo que coordinar cosas en distintos modos y pensando qué hora es en cada lado. Dramón del quince, que dice la juventud de hoy en día.

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