Recupero hoy una sección casi olvidada, más por pereza que porque no hayan aparecido nuevos dramas. En fin.
Hoy, en el capítulo 4 de "Dramas Cotidianos": China, ese gran país, y su puñetera manía de dormir sobre colchones y somieres duros como el hormigón armado.
Se trata de una costumbre heredada de antiguo, según me comentan los veijos del lugar. Antaño se acostumbraba a dormir en el suelo y -creo- sólo amortiguados con una estera de madera o bambú. Dicen que es lo mejor de lo mejor, porque la espalda queda recta y blablabla. Mmmm.Permítanme otorgarme el beneficio de la duda. Es posible que para aquellos seres humanos de bien que se quedan dormidos como troncos boca arriba sea perfecto. Pero para el resto de los mortales, incluido yo mismo, que dormimos en posiciones extrañas -boca abajo, de lado, con la columna vertebral haciendo equilibrismos- resulta infernal.
Uno, con su inomnio de estar por casa, tiene tendencia a moverse por las noches y a no mantener una postura digna. Eso provoca que muchas noches se despierte con un hormigoneo insoportable en el brazo o en las vértebras dorsales. Después de algunas horas aprisionados bajo el cuerpo o doblados completamente, estos miembros corporales dan señales de que algo no funciona.
El concepto cama blanda queda reducido a hoteles de muchas estrellas o a la imaginación de cada uno: hay quien encima del colchón se pone una colchoneta hinchable de playa y otros que recorren el Ikea -sí, señores, las estanterías Svärssonkpf y las mesas Knüssendör también tienen éxito entre los hijos de Mao- y compran una manta blandita y mullida.
Pormi parte, sigo sufriendo estoicamente cada noche, confiando que esta penitencia tenga sus frutos, como cuando Alá promete lo de las 70 vírgenes por suicida.