Normalmente, es de las pocas secciones de los periódicos que me salto a la torera. Pero el otro día, recibí un enlace de uno que hay colgado en internet y no pude evitar fijar mi atención. Concretamente, éste:

400 € - Habitación en Diagonal-Paseo de Gracia / Room in the very centre (Gràcia)
¿Quiéres vivir en Diagonal con Paseo de Gracia? Si te gusta la zona estamos buscando un nuevo compañer@ para entrar a vivir a partir del 14 de junio. Más de 150 metros cuadrados, cuatro habitaciones, dos cuartos de baño, lavadora, cocina totalmente equipada, sistema de audio y vídeo e Internet de banda ancha (20Mb) vía WiFi. A un minuto de la estación de metro de Diagonal (L3). La habitación disponible es un cuarto de 15 m2 con armario grande, escritorio, tv y cama de matrimonio. Además dispone de un amplio balcón a la calle peatonal –tal y como se puede ver en la fotografía. Somos tres amigos de Barcelona: dos periodistas y un músico...

¿Saben por qué? Porque eso es mi casa y ésa, mi habitación en Barcelona. El cuartucho que me vio dormir -y cosas peores- durante casi 400 días. Y cuando miré el anuncio, el estómago me hizo un 'looping' y se me quedó cara de tonto durante el rato largo. Mis cuatro paredes, fortaleza inexpugnable, y la cama que soportó tantas noches insómnicas con la mente imaginando China, están en el mercado. Como Ronaldinho, pero sin devaluación.
No voy a negar que me puse algo tierno. Había interiorizado que mi sitio iba a ser ocupado temporalmente, pero sin visualizarlo. Y tardé en verlo cinco meses. Hasta ayer. Son esos golpeos inesperados de realidad. Como cuando te das cuenta que la novia que tu creías eterna te la pegacon el butanero y lo sabe todo el mundo menos tú.
Sin embargo, permítanme poner una nota de esperanza entre tanta nostalgia. Me jodió, aunque más por el recuerdo que por la comparación. Pekín está en una etapa en la que empieza a embalarse y hasta el viento va a favor. Nunca he destacado por lanzarme a la piscina con alegría -algún crack me sacó el mote de "Iceman" por algo-, pero esto pinta bien.
Y lo mejor de todo es que también me confirmaron que el inquilino de Barcelona viene para seis meses porque la patria potestad del piso de Séneca -esa maravillosa ensalada de crapulismo inconsciente, talento a raudales y descoordinación perenne- sigue perteneciéndome. Y me encanta.