Pues eso, que hoy es 4 de junio y técnicamente se cumple el decimonoveno aniversario de los sucesos/disturbios/manifestaciones/matanza de una cosa que empieza por Tian, acaba por anmen y que si pongo junta en el blog es posible que los hijos de Mao me lo cierren preventivamente. Así que toca ser eufemístico. Les voy a contar un cuento inventado (o no tanto).

Había una vez unos pitufos que, en vez de montarse el poblado en el bosque con las setas, se lo montaron encima de un asfalto muuuuuuy grande, el cuadrado asfaltado más grande del mundo. Y ellos, pequeñitos-pequeñitos pero que eran unos cuantos, se pusieron allí a protestar. Había pitufos campesinos -que empezaron la acampada porque el trigo era muy caro- y luego vinieron los pitufos aprendices, que pedían a Papa Pitufo que les dejara salir más allá del bosque, conocer a más pitufinas y todas esas cosas que hacen los pitufos normales. La diferencia es que lo hicieron todos a la vez, para ver si de una vez podían convencerle.
Hete aquí que Papa Pitufo, que ya era viejo pero todavía mandaba con puño de hierro, se mosqueó. Y mandó a sus tropas a dispersar a la masa. Los soldados confiaban ciegamente en Papá Pitufo, que además les había comprado tanques nuevos, y obedecieron. Cuando llegaron al asfalto, aquello se convirtió en una carnicería y muchos pitufos murieron, más de dos mil, según contó alguien después, y otros muchos fueron a la cárcel (en la que todavía quedan unos 130).
El drama es que era una batalla desigual entre pitufos armados y pitufos desarmados y que sucedió en pleno centro de la capital pitufa. En la actualidad, la mayoría de los pitufos que lo vivieron no saben ni quieren saber nada porque todavía lo recuerdan, mientras que a los que nacieron luego, se les escondió lo sucedido. Hasta tal punto que preguntas sobre ello a los pitufos jóvenes, algunos con carrera universitaria y todo, y no te saben responder qué pasó porque no tienen constancia que jamás ocurriera nada parecido. Luego, preocupado por la falta de información, intentas buscar en los periódicos pitufos alguna referencia y ves que todos lo omiten. Y consultas en Pitufoogle y en Pitutoube y te da error.
Durante el día de hoy, en ese lugar de cuyo nombra de quiero acordarme (pero que empieza por Tian y acaba por anmen) había un policia de uniforme cada cuatro metros y un policia secreto cada cuatro centímetros. Aunque en general parezca que los chinos siempre sospechan -por los ojos, digo-, éstos venían así ya de serie y se ponían muy nerviosos si veían una cámara cualquiera. De hecho, creo que era mucho más factible hoy robar el Banco Central de China vestido de lagarterana que montar una reunión de más de tres personas allí enmedio.
Por su parte, Papá Pitufo -el que hay ahora, el otro más viejo ya murió- salió hoy justificando otra vez los sucesos ocurridos en MCMLXXXIX, un año en que precisamente un pitufo calvo, vestido con túnica de color azafrán y amigo de Richard Gere recibió el Premio Pitubel de la Paz.