Nanjing –o Nanking, según el corrector de Word, o Nankín para los puristas castellanos- es una ciudad grande. Son seis millones de habitantes, que para lo que es el Reino del Centro tampoco serían una barbaridad. Sin embargo, la ciudad tuvo sus momentos de esplendor, al ser durante varios períodos capital del país.

Dado que mi cometido por aquí es básicamente de trabajo, tampoco he tenido demasiado tiempo para el paseo ocioso-explorador. A primer taxi (una manera como cualquier otra de visitar un lugar), la ciudad se convierte en megalópolis. Horizonte plano, enormes rascacielos apuntando en lo alto y una neblina brumosa en el mejor estilo de las ciudades chinas. Sin embargo, de repente, uno repara que el paisaje se mantiene fijo, como una fotografía, y nunca se llega a acercar del todo: se llámale fenómeno de la ciudad extensiva, kilómetros y kilómetros de urbe que parecen no terminar nunca. Autopistas urbanas de ocho carriles que desembocan en otras autopistas urbanas. Carreteras superpuestas unas encima de otras. Toneladas de alquitrán, con edificios, grúas y descampados, y más edificios, más gruas y más descampados, como aquellos fondos de animación repetidos que usaban los estudios Hanna y Barbera allá por los años 70 para ahorrar costes.
En Nanjing-Nanking-Nankín también hay más cosas: una Colina Púrpura, que a pesar de su engañoso nombre está cubierto de espesa vegetación verde. Se trata de un sitio especial: la primera montaña cubierta de árboles que he visto en medio año. Puede parecer una tontería y más viniendo de un flioasfáltico como se considera el que suscribe, pero este curioso país todavía no me había ofrecido la posibilidad de pisar un bosque frondoso.
A orillas del Yang-tsé, el mayor río de China, esta ciudad tiene un pasado intenso: capital durante cortos períodos imperiales, su mayor gloria la alcanzó cuando un paisano suyo (Sun Yat-sen) negoció con laspotencias coloniales y consiguió iniciar la China moderna. Este tipo, cuyo mausoleo está en la Colina Púrpura (que en realidad es verde), tiene el reconocimiento tanto de comunistas como de nacionalistas del Kuomintang como padre fundador de la China moderna. Murió en 1925, desconociendo como derivaría su idea en esto que es China actualmente. Si Sun levantara la cabeza.

- La paradójica Colina Púrpura me sorprendió por su intenso color verde.

Por otro lado, la tragedia también se cebó con la ciudad, cuando la invasión japonesa de 1937 alcanzó su punto de máxima virulencia aquí, asesinando a 300.000 hijos de Nanjing en unas pocas semanas, violando y saqueando todo lo que se movía y tal. Existe un proverbio chino que dice algo así como "Preferir ser jade roto antes que una teja entera", en referencia a los chinos que prefirieron permanecer en la ciudad antes que escapar de los japoneses. Aún hoy, los nipones no son para nada bien recibidos por aquí, a pesar de los (tímidos) gestos de acercamiento y las (más tímidas aún) muestras de arrepentimiento de los hijos del sushi. Cosas de asiáticos, vaya.