También se podría llamar el post que va tarde, o el post "muérete de envidia". La cosa hoy va de Usain Bolt, un tipo jamaicano al que todos deberían conocer. Se trata del hombre más rápido del mundo, y por mucho además. 9,69. Una diferencia así como de dos décimas de segundo, un bailecito, una palmada en el pecho y una zapatilla desatada.

- El bueno de Usain voló, literalmente. En segundo plano, unos que llegaron tarde: el tráfico en Pekín está horrible.

Me empieza a preocupar sobre manera que estos atletas míticos -Bolt, Phelps y compañía- sean más jóvenes que yo. Ya saben, las comparaciones son odiosas. Unos con oros olímpicos y otros con una beca. Después de este inciso-crisis vital, volvamos al tema.
Con apenas 41 zancadas y media, este hijo de (Bob) Marley copó hoy las portadas de periódicos y televisiones de todo el mundo. No es para menos. Lo de ayer pasará a la historia como una exhibición de la naturaleza: fuerza, talento, armonía y zapatillas de color dorado. Poco queda ya para añadir, y menos cuando todos los analistas y expertos han tenido más de 24 horas para hablar de biomecánica y de arañazos a las centésimas. ¿Pero para qué? Sí, es posible, pudiese haber corrido más rápido, apurar el cronómetro hasta el final, destruir más barreras, hacerse inalcanzable. "¿Y luego, qué hago?", pensó durante 25 metros mientras abría los brazos y se dejaba llevar.
Al terminar, él mismo explicó que cuando se vio ganador prefirió disfrutar del momento. Hasta frenarse si me apuran, para alargar el placer de ganar. Ante esta respuesta, los hedonistas del mundo no podemos sino ovacionar. Bolt ya había entrado en la historia y prefirió descartar unas centésimas de la marca perfecta -que cualquier día tiene pinta de poder recuperar, y por un buen fajo de billetes a cambio- para disfrutar de sí mismo, cual onanista convencido. "Ya me están inscribiendo en el medallero, soy más rápido que nadie, ahora déjenme tranquilo con mis cosas". La lógica es aplastante.
Dicen de Bolt que no es demasiado perfeccionista, que podría esforzarse más, cuidar detalles. Él mismo confesó haberse zampado varias raciones de aceitosos 'nuggets' de pollo en el día de la carrera a modo de plato único. Mmm, deliciosos. Créanme que la comida está siendo un problema para los atletas en la Villa Olímpica. Basta con decir que el McDonalds tiene más clientela que el comedor de deportistas.
En fin. Que ahora todo el mundo ya se dio cuenta de porqué a Usain Bolt le apodan "el rayo". Un niño de 21 años que llegó a Pekín hace quince días en clase turista -no es broma- y que ya nunca volvera a andar tranquilo. Ahora ya entró a las enciclopedias y de aquí a unos años es posible que se incorpore a las preguntas del quesito naranja del Trivial Pursuit, si todavía existen los juegos de mesa. Los humanos ya tienen un nombre y un rostro para el más rápido de todos ellos.
A todo eso, estos ojitos lo vieron en directo, gracias al regalo de un buen amigo con el que quedará una deuda eterna. Así, pude ser uno de los 91.000 degenerados presentes en el Nido de Pájaro que -oh milagro- disparó el flash de la cámara de fotos mientras aullaba incrédulo durante varios minutos, incluídos esos 9.69 segundos. Y, que quieren que les diga, moló. Moló mucho.