Hace años que no tenía vacaciones en agosto. Dicho esto, es septiembre y sigo en ellas. Ya saben, la dura vida del becario y todo eso. Les escribo desde Hong Kong, esa metrópolis, cuna de Jackie Chan y otros grandes pensadores modernos, pero permítanme darles cuenta de ello más tarde, en próximos posts.
Cronológicamente, hoy toca Kuala Lumpur, mi primer destino al empezar el periplo que me ha llevado a confundir monedas de distintos países en los bolsillos y querer pagar con lo que no toca.
Kuala Lumpur siempre fue un destino ilusionante, una especie de meca para servidor. Tan inexplicable fascinación provenía, como casi siempre, de una tontería. De pequeño, uno decía muchas, pero una de las preferidas era "Esto está en Kuala Lumpur", para referirse a algo que quedaba muy lejano en el espacio. Por eso, poco a poco, la sonora capital malaya adquirió rango de mito mental. "Kuala Lumpur tiene que ser un sitio mágico", a medio camino entre Cuenca y Mordor, otros dos referentes que usaba con el mismo fin.

No obstante, me dejó algo frío. La "confluencia fangosa" -eso significa literalmente su denominación en el incomprensible idioma local- tiene sus cosas buenas, es verdad. Las Torres Petronas son apoteósicas, quizás uno de los edificios más impresionantes que jamás se hayan plantado en el suelo. Pero más allá, el bagaje es escaso: una réplica descafeinada de Bangkok con aliño musulmán algo decepcionante.
De lo poco bueno, un monorrail fastuoso -homenaje a Los Simpson y su estupendo capítulo homónimo- que cruza las calles a un nivel más elevado. Sin ser barato, era un transporte divertido y montado con gracia. De lo negativo, los 'burkas' femeninos con 35 grados de calor y humedad asfixiante y una sensación general de "quiero y no puedo".
Malasia es un país complicado. Excolonia portuguesa, holandesa y británica -por ese orden- tiene una herencia innegablemente occidental, de la que no está especialmente orgullosa. Su actual estatus es el de una democracia parlamentaria que se cae a pedazos. Hay una sensación general de país que se aguanta con alfileres y la influencia islámica crece con fuerza, con un gobierno musulmán que tiene encarcelado al principal lider opositor, detenido por el rumboso delito de "sodomía". En fin. Como si en otros lados los gobernantes no dieran por el ídem.
PD: Hong Kong mola, pero el siguiente capítulo será dedicado a las Islas Perhentians, a la espera de la llegada de fotos ilustrativas.

disfruta guillen¡¡¡bss.
Vacaciones bien merecidas sí señor. Pásalo bien y sigue relatándonos lugares lejanos con tu salero catalán. besos!