Las sonrisas presiden estos días Pekín. La capital china ha cambiado ligeramente su trato arisco por una sonrisa generalizada. La gente está feliz, por muchas razones. Unos, porque han podido lucir unos Juegos Olínpicos espectaculares, casi sin mácula, y ahora respiran satisfechos y aliviados con la propina. Otros porque están disfrutando de una auténtica fiesta, que ocurre cada cuatro años y aunque se le preste poquita atención, gozan igual. Finalmente hay unos, los menos, porque están pudiendo hacer lo que durante los JJOO no pudieron: entrar en el Nido de Pájaro, el Cubo de Agua y esos lugares mágicos que antes estaban vetados. Bienvenidos al buen rollo paralímpico.
Sé que esta entrada traiciona la palabra dada a Hong Kong, una metrópolis que no merece este silencio, pero prometo que la entrada vendrá, y ya avanzo que será parecida a una declaración de amor eterno. A lo que iba.

Los Juegos Paralímpicos se llevan disputando desde el pasado sábado en Pekín con, bajo mi humilde parecer, un éxito inusitado. Probablemente la lejanía atempere los ánimos y la percepción, pero ver los estadios llenos a rebosar -90.000 personas atronando el Nido de Pájaro es mucho atronar- y la emoción de los atletas es algo hermoso.
Se da la circunsatancia, además. de que España es potencia en deporte paralímpico. No voy a caer en las sensiblerías ni en la compasión porque son gente que sencillamente no lo necesita. De manera congénita o por un accidente cruel, se trata de tipos y tipas que han salido adelante en la vida y en el deporte. Muchos con estudios universitarios, idiomas y bastante más mundo que los supuestos deportistas totalmente "válidos". Gente a la que preguntas y sabe responder más allá de obivedades, gente que te abraza si han ganado una medalla, aunque no te conozcan de nada, sólo pòr compartir la alegría. Son gente feliz, que entrena en el anonimato y que responde con una sonrisa a cualquier chinada. Cada cuatro años tienen su gran fiesta en un rincón distinto del mundo, cuando las luces de los grandes focos ya se han apagado.
Pekín se ha volcado en los Paralímpicos. En su manifiesta torpeza y su evidente buena voluntad, el despliegue de medios es sublime. Hay gente por todas partes y están todas las entradas vendidas. Luego construyen una línea de metro nuevo, especial para los Juegos, que te lleva al Estadio Olímpico y que tiene un centenar de escalones empinados en la salida, pero si hace falta se reclutan a tropecientos voluntarios para levantar la silla a pulso con otra sonrisa. O consideran oportuno premiar una competición de nadadores sin brazos con un ramo de flores que los medaliistas obivamente no pueden recoger. "No hay problema, ponlo en el hombro y lo sujeto con la cabeza". Sonrisas y más sonrisas.Si hasta la mascota, "Lele", una vaca alucinógena, es más bonita que el detestado quinteto olímpico.

- Lele no quiso responder cuando le pregunté por sus primos olímpicos aunque se rumorea que fueron deportados por feos a campos de trabajos forzosos en la Mongola Interior.

¿Se imaginan una final con medalla en la que el que va primero tropieza, gana otro mucho más rezagado y no lo celebra sino que va a consolar a su compañero y le ayuda a levantarse porque las prótesis se han doblado? ¿Saben de algún caso de un nadador de un país que deje un bañador de esos que ayudaron a llos ocho oros de Phelps para que compita con él? ¿Han visto nunca una carrera en la que lazarillo y atleta ciego se partan la medalla ente lágrimas? Pues eso. Que los Paralímpicos molan y ponen la piel de gallina.